La sociedad peruana en su conjunto está mostrando desde hace tiempo, pero evidentemente más notorio desde principios de agosto, un mal humor que puede ser atribuible a muchas razones de peso, que sería largo enumerar y analizar en el ámbito estrecho de un comentario editorial. Sin embargo, no cabe duda, que ese mal humor está adquiriendo fuerte percepción en otros sectores de la colectividad nacional.
Dos ejemplos bastarían para precisar ese estado de ánimo tan preocupante: a) la reacción solidaria de la población cajamarquina oponiéndose a la realización del proyecto Conga y, el truculento anuncio de un posible paro o huelga del transporte local por la decisión del comando policial de dar de baja a uno de sus miembros. En ambos casos con amplia repercusión periodística.
Los paros, huelgas y otras acciones, incluyendo tomas de carreteras como consecuencia de la oposición al caso Conga recibieron la sentencia mayoritaria de los grandes medios de comunicación nacional, inclinados, sin duda, a favorecer la inversión minera en el caso ya señalado y, paralelamente como sustento a su posición, a satanizar de manera inclemente a los sectores sociales que en su oposición, alteran el orden público. |