| |
Mal humor social y
sus consecuencias
La sociedad peruana en su conjunto está mostrando desde hace tiempo, pero evidentemente más notorio desde principios de agosto, un mal humor que puede ser atribuible a muchas razones de peso, que sería largo enumerar y analizar en el ámbito estrecho de un comentario editorial. Sin embargo, no cabe duda, que ese mal humor está adquiriendo fuerte percepción en otros sectores de la colectividad nacional.
Dos ejemplos bastarían para precisar ese estado de ánimo tan preocupante: a) la reacción solidaria de la población cajamarquina oponiéndose a la realización del proyecto Conga y, el truculento anuncio de un posible paro o huelga del transporte local por la decisión del comando policial de dar de baja a uno de sus miembros. En ambos casos con amplia repercusión periodística.
Los paros, huelgas y otras acciones, incluyendo tomas de carreteras como consecuencia de la oposición al caso Conga recibieron la sentencia mayoritaria de los grandes medios de comunicación nacional, inclinados, sin duda, a favorecer la inversión minera en el caso ya señalado y, paralelamente como sustento a su posición, a satanizar de manera inclemente a los sectores sociales que en su oposición, alteran el orden público.
Contradictoriamente, en el caso trujillano de la separación reglamentaria de un cuestionado judicialmente coronel de la policía nacional, la insólita reacción mediática ha sido a favor de esa “alteración del orden público” que en el caso cajamarquino condenaban acremente. Hecho que no ha escapado de la percepción de la ciudadanía que aparece ya como mejor entrenada en el análisis político de los acontecimientos que la afectan.
Sin embargo, debajo de ese ambiente creado por la fuerza de la gran prensa, evidentemente conectada entre sí, al punto que los titulares y argumentos parecen haber sido redactados en la misma mesa y por la misma mano, resultan, emergentes y preocupantes, dos sentimientos, (mal humor le hemos llamado), que llaman poderosamente a una mayor preocupación. El desencanto y la desesperanza frente al desarrollo de los acontecimientos por una aparente deserción de lo proclamado y prometido durante la precedente campaña electoral y, una voluntad que linda con la insensatez y la prepotencia de sectores económicos que no están dispuestos a conceder la más mínima porción de los privilegios que usufructúan aunque su origen sea ilegal e inmoral.
Duplica la preocupación el hecho de que han desaparecido de la escena las voces y opiniones ecuánimes sensibles que hasta hace poco influían poderosamente en el estado de ánimo nacional contribuyendo a la ecuanimidad y a una apreciación equilibrada de la problemática del país. La radicalización los ha ganado y han perdido para mal, el imperio de su credibilidad, hoy prácticamente inexistente.
No puede escapar a nuestro comentario el hecho indiscutible de que esa “radicalización” ha llevado a un sector de nuestra sociedad a expresarse, sin bochorno, a favor de las medidas extremas fuera del ordenamiento jurídico, que el mundo civilizado condena sin ambages y que han llevado a la constitución desde hace tiempo de tribunales penales destinados a contener y erradicar esos actos y a sus protagonistas.

>>Volver al Índice |